Alfredo Häberli: paseando líneas

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Un buen diseño necesariamente ha de ser funcional. Si además de funcional, es ingenioso y divertido, podemos afirmar que hemos dado en el clavo. Esa premisa debe de tenerla muy clara Alfredo Häberli, y muestra de ellos son muchos de sus productos: una percha con asa, un andador para niños que es a la vez silla y medio de transporte, una vajilla polivalente, un sillón para desarrollar posturas sexuales (con manual de instrucciones para los menos imaginativos)…

Häberli es uno de esos diseñadores que actualmente se encuentran en la cresta de la ola. Nacido en Buenos Aires, se traslada con trece años a Suiza donde estudia delineación y diseño industrial. Allí trabaja para el Museo del Diseño de Zürich y más tarde intenta trabajar con Achille Castiglione, que no le acoge en su estudio pero le anima a establecerse por su cuenta. Y desde entonces (1993) ha ido desarrollando una carrera que le ha llevado a trabajar con clientes como Alias, Moroso, Thonet, Cappellini o Volvo, para quienes acaba de diseñar un automóvil, un sueño perseguido por muchos diseñadores.

Cuando Häberli diseñó la butaca take a line for a walk (2003) estaba leyendo un libro sobre Paul Klee en el que decía que dibujar era para él como llevarse una línea a pasear. Y lo cierto es que hay mucho de eso en los primeros bocetos que Häberli hizo de su butaca: una estructura ligera con enormes orejas y una presencia apabullante. Es uno de tantos diseños ingeniosos. Häberli ha llegado al star-system del diseño y todo apunta que es para quedarse.