FIB2005: 5ª jornada

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Estaba predestinado a ser así. El domingo tenía que ser el día grande del FIB2005 y vaya si lo fue!

Podría hablar de The Wedding Present y su lección de pop exhuberante, o de LCD Soundsystem y cómo James Murphy fue capaz de arrebatarnos nuestras últimas fuerzas con un concierto vibrante. Claro que también podría contar como Kasabian me dejaron indiferente, lo patético que resultó el concierto de Oasis (ni voz, ni sonido, ni canciones, ni ná de ná) o la enorme decepción que me llevé con Herbert por machacón y repetitivo: a mí me van las cosas más sutiles… Pero para qué perder el tiempo. Y es que el domingo pudimos disfrutar de uno de los mejores conciertos que se hayan visto nunca en Benicàssim, tal vez el mejor, y el responsable fue un tal Nick Cave acompañado de una banda de ensueño llamada The Bad Seeds.

Saltó el australiano al escenario verde enfundado en un elegante traje negro, saludó de forma breve e inmediatamente arrancó con un electrizante “Get Ready For Love” que iba a darnos a entender que ese concierto, SU concierto, no iba a ser uno más. Cave se movía de una punta a otra del escenario con agilidad, pero con un andar un tanto desgarbado… yo le buscaba patas de carnero, porque parecía el diablo tratando de seducir a 30.000 almas. Era algo sucio, lascivo, rebelde, violento… pero también era enternecedor, revelador y sentimental. Y ahí es donde me di cuenta que Cave no es el diablo: Cave es humano, muy humano. Una a una fueron cayendo joyas como “Deanna”, “The Ship Song”, “The Weeping Song”, “The Mercy Seat”, “There She Goes My Beautiful World” o “Stagger Lee”, canción extraída de su “Murder Ballads”, un disco que sólo habla de muertes y asesinatos. Sólo él puede hacer una cosa así y que resulte convincente y no un mal chiste. Cuando la tormenta cesó, nos miramos los unos a los otros y comprobamos que no, que no había sido una alucinación. Acabábamos de disfrutar de uno de los GRANDES con mayúsculas de esa cosa llamada rock. Y nos acordaremos de esa hora y cuarto durante mucho mucho tiempo, porque un concierto así no se ve ni todos los días, ni todos los años. Sencillamente, fue irrepetible.

Y después de algo así, qué más se puede pedir? La verdad es que poco. Bueno, si los hermanos Morán (los organizadores del FIB) leen estas líneas, les pediría que fueran coherentes con la trayectoria musical del festival y que nos traigan el año que viene a Tom Waits, Neil Young o Van Morrison. Es mucho pedir? Bueno, de ilusión también se vive. Hasta el año que viene, Benicàssim.