Las naves de la Cross

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Durante los últimos años, cada vez que cogía el tren para ir a Castellón siempre me quedaba hipnotizado por las ruinas de unas naves industriales junto al puerto de Valencia.

No tenía ni idea de la historia de esas naves, ni de la polémica que existe actualmente en torno a su futuro uso. Yo sólo veía esas cerchas al aire, que parecían mantener el equilibrio casi por arte de magia, y me fascinaban (por cierto, que la fotografía que ilustra este post no hace justicia a la belleza del lugar). Alguna vez pensé en que sería un lugar estupendo para hartarse a hacer fotografías, e incluso les sugerí el lugar a unos amigos que tienen un grupo de indie pop, hasta que hace un par de días leí este artículo de Miquel Alberola en la edición valenciana de El País.

Una iglesia para ‘los mártires del 36’. Antes de jubilarse, el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, quiere dejar huella. Él es el propulsor de un templo llamado Parroquia Santuario de los Beatos Mártires Valencianos, con el que pretende honrar la memoria de los valencianos muertos en la Guerra Civil “por el odio a la fe”. Memoria histórica, aunque selectiva. La imponente iglesia se levantará sobre una antigua nave de hormigón de la industria química, cuenta con apoyo del Ayuntamiento y estará en una de las zonas con mayor proyección de la ciudad, cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Algunos sectores ven en su demarcación una estrategia para que la iglesia venda su memoria al estilo de otros monumentos erigidos durante el franquismo.

Las naves pertenecieron en su día a las Industrias Químicas Cross, fueron adquiridas posteriormente por el Ayuntamiento de Valencia, y hace unos años fueron cedidas a la Iglesia a cambio del solar arqueológico de la Plaza de l’Almoina, donde se fundó la ciudad.

Dejando de lado la polémica sobre el uso de los solares y la particular forma de entender la memoria histórica del arzobispo, lo que realmente me preocupa es esto:

El templo de 3.233 metros cuadrados, cuya primera fase de obras se encuentra a punto de concluir, contará con una torre campanario de 28 metros de altura y revestirá su cubierta con trencadís, un mosaico de azulejos similar al de los edificios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, de Santiago Calatrava. Esta opción estética de los autores del proyecto, Vicente Ordura y Jaime Aloy, unida al hecho de que la parroquia se encuentra en el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y que la estructura de la nave de la Cross guarda una cierta familiaridad con las formas de Calatrava, convierte visualmente al templo en un apéndice del complejo turístico.

Sin querer prejuzgar un proyecto arquitectónico que no conozco, mucho me temo que voy a echar de menos a mis ruinas.