Malas artes

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Cuenta la leyenda (o la página web del MOBA, que para el caso es lo mismo) que un día un tal Scott Wilson se encontró por casualidad con algo que le cambió la vida. Ordenó al conductor del coche en el que viajaba que diera marcha atrás, se bajó y no pudo dar crédito a lo que veían sus ojos: un montón de pinturas horripilantes abandonadas en la calle. Las iba examinando y cuando creía que una era horrible, continuaba con la siguiente y resultaba que era todavía peor! Entonces una voz le interrogó desde el coche: “Qué es eso? Quién lo ha hecho?”, y Scott respondió: “Es algo desconocido… desconocido…”.

Más o menos este es el comienzo de una colección de arte malo, insufriblemente malo, que terminó dando lugar al MOBA (Museum Of Bad Art), un centro de Boston (USA) donde se encuentran una serie de piezas que duele contemplar. Como dice el eslogan del MOBA, “arte demasiado malo como para ser ignorado”. Esporádicamente, estas obras de “arte” han abandonado su sede permanente para ser expuestas en… lavaderos de coches (suena a coña, pero es totalmente verídico).

Una de mis cuadros favoritos es el atleta. Como casi todo lo que hay en el MOBA, Scott Wilson rescató esta obra irrepetible de un contenedor de basura. Nos podríamos recrear en la perfeccion de los gemelos del atleta, pero es que cuando llegamos a los pies y vemos esos mocasines y esos calcetines blancos… como lo explicaría… ejem.

Otra de las piezas que pueden hacer que no conciliemos el sueño durante una buena temporada es la madonna sonriente

Qué decir de esta virgen tallada en madera… Su sonrisa pintarrajeada con auténtico bolígrafo me provoca escalofríos. Fue adquirida en el mercadillo de una iglesia por cuatro duros. Una auténtica ganga, señores.

En resumen, un museo de los kitsch que si tuviese más a mano no dudaría en visitar. En todo caso, no hace falta cruzar el charco para admirar esculturas horripilantes: en Castellón estamos bien servidos con todos esos artefactos que adornan por doquier plazas y rotondas.