Un Big-Calatrava con queso y sin pepinillos, por favor

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Ayer estaba viendo las noticias en televisión, cuando realizaron una conexión en directo por motivo de los Juegos Olímpicos. Vista aérea del estadio olímpico y posterior panorámica de las instalaciones… y había algo familiar que me recordaba a… ¡Valencia! ¡Dios mío! ¡La Olimpiada en la capital del Turia y yo no me había enterado!

Pero no. En realidad, lo que resultaba tan familiar eran las instalaciones diseñadas por el arquitecto Santiago Calatrava, y en concreto, un paseo IDÉNTICO a l’Umbracle de la Ciutat de les Arts i les Ciències.

Oh, Calatrava… ese “peazo” de arquitecto… ¡pero qué jeta tiene el tío! Hace un par de semanas leí en El País una entrevista que le hacía Ferran Bono en la que, frente a las acusaciones de repetirse más que el ajoaceite, aseguraba que, como cualquier artista, él tenía una firma propia o sello de autor.

Mire usted Sr. Calatrava: nos podrán gustar o no sus obras (yo las detesto: la CAC me parece el mayor bluf de la arquitectura en los últimos años) pero no puede negar que vive del éxito mediático y de repetir los mismo edificios y puentes, se encuentren éstos en Valencia, Milwaukee o Alcoi, ignorando por completo las circunstancias locales que rodean a cada obra.

Es absurdo que plantara semejante cristalera en el Museo de las Ciencias de Valencia, cuando la experiencia cercana del Palau de la Música avisaba de que eso se iba a convertir en un microondas. “Que aumenten la potencia del aire acondicionado, pero que no toque mi edificio”. Y así se hizo. Consecuencia: las enormes corrientes que generan los climatizadores hacen que el péndulo gigante de la entrada no funcione, además de disparar el consumo energético.

El problema es que tener un Calatrava está de moda. Y los alcaldes aún sabiendo lo anterior y aún sabiendo que las obras de este señor siempre duplican o triplican el presupuesto inicial, acuden a él a comprar un puente prefabricado de los suyos, pensando que ésa obra “monumental” les garantizará la reelección en las urnas.

De hecho, me imagino la escena. El alcalde Celedonio Martínez, del “PPOE”, entra en los estudios del arquitecto en Zúrich y entre los 5 modelos distintos a elegir, escoge el puente D, con queso, sin pepinillos y extra de ketchup. Pues eso. Que aproveche.