Una de conflictos internos y músicos geniales

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Esta noche voy a tener que dejar de lado alguno de mis prejuicios más arraigados. Uno, voy a ir a Benidorm, ciudad modelo de las aberraciones urbanísticas y arquitectónicas más delirantes de los últimos años. Dos, voy a pisar la arena de una plaza de toros. ¿La razón? Simple: Bob Dylan.

Ya se sabe que en este tipo de conciertos puede pasar cualquier cosa. El amigo Bob puede tener un día tonto y se puede despachar con poco más de media hora de “hits” desganados. O puede estar, por alguna extraña razón, iluminado (o simplemente profesional) y obsequiarnos con una magnífica hora y media de la mejor música popular del último medio siglo.

El año pasado ya probé con Lou Reed y se me cayó la baba… A ver si esta noche hay suerte y los hoteles de tropescientos metros de altura y los parques temáticos pasan inadvertidos.