El affaire ADSL

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Voy a contratar una línea ADSL en septiembre y no he decidido todavía qué compañía me va a sacar las perras.

El curso pasado contraté los servicios de Arrakis y el resultado fue desastroso: caídas continuas, velocidades ridículas, servicio técnico pésimo…

Y ahora barajo varias opciones. Descartada ono (porque no se digna a cablear el barrio de Castellón en el que vivo) estoy entre ya.com y timofónica, que se supone que duplicará la velocidad de acceso el mes que viene.

No necesito ni módems, ni routers o similares… sólo quiero un ADSL que sea rápido y no se caiga (creo que no es tanto pedir).

Así que, estimados lectores, ¿tenéis alguna sugerencia?

Un Big-Calatrava con queso y sin pepinillos, por favor

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Ayer estaba viendo las noticias en televisión, cuando realizaron una conexión en directo por motivo de los Juegos Olímpicos. Vista aérea del estadio olímpico y posterior panorámica de las instalaciones… y había algo familiar que me recordaba a… ¡Valencia! ¡Dios mío! ¡La Olimpiada en la capital del Turia y yo no me había enterado!

Pero no. En realidad, lo que resultaba tan familiar eran las instalaciones diseñadas por el arquitecto Santiago Calatrava, y en concreto, un paseo IDÉNTICO a l’Umbracle de la Ciutat de les Arts i les Ciències.

Oh, Calatrava… ese “peazo” de arquitecto… ¡pero qué jeta tiene el tío! Hace un par de semanas leí en El País una entrevista que le hacía Ferran Bono en la que, frente a las acusaciones de repetirse más que el ajoaceite, aseguraba que, como cualquier artista, él tenía una firma propia o sello de autor.

Mire usted Sr. Calatrava: nos podrán gustar o no sus obras (yo las detesto: la CAC me parece el mayor bluf de la arquitectura en los últimos años) pero no puede negar que vive del éxito mediático y de repetir los mismo edificios y puentes, se encuentren éstos en Valencia, Milwaukee o Alcoi, ignorando por completo las circunstancias locales que rodean a cada obra.

Es absurdo que plantara semejante cristalera en el Museo de las Ciencias de Valencia, cuando la experiencia cercana del Palau de la Música avisaba de que eso se iba a convertir en un microondas. “Que aumenten la potencia del aire acondicionado, pero que no toque mi edificio”. Y así se hizo. Consecuencia: las enormes corrientes que generan los climatizadores hacen que el péndulo gigante de la entrada no funcione, además de disparar el consumo energético.

El problema es que tener un Calatrava está de moda. Y los alcaldes aún sabiendo lo anterior y aún sabiendo que las obras de este señor siempre duplican o triplican el presupuesto inicial, acuden a él a comprar un puente prefabricado de los suyos, pensando que ésa obra “monumental” les garantizará la reelección en las urnas.

De hecho, me imagino la escena. El alcalde Celedonio Martínez, del “PPOE”, entra en los estudios del arquitecto en Zúrich y entre los 5 modelos distintos a elegir, escoge el puente D, con queso, sin pepinillos y extra de ketchup. Pues eso. Que aproveche.

Muñecas

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No soy crítico de cine. Es más, tengo lagunas enormes en mi cultura cinematográfica, algo que espero corregir un poco con el tiempo. Pero aún así, como cualquier hijo de vecino, uno tiene su corazoncito y su sensibilidad, y ante cosas como las que vi anoche, se estremece.

Después de unos días en los que un ser querido me había insistido en la necesidad de verla, ayer vi Dolls de Takeshi Kitano.

Maravillosa. No sé por dónde empezar… Esa preciosa fotografía, con esa variación cromática que marca las estaciones del año… La carga simbólica de sus fotogramas, que dan significado a cada detalle… Ese ritmo parsimonioso e hipnótico que te atrapa irremediablemente… O esas terribles historias de amor y muerte que te desgarran el corazón (caminos interminables que no llevan a ninguna parte).

Necesito volver a verla. Gracias por la recomendación.

En tiempos del MP3, pásense al LP3

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Todos los que me conocéis sabéis que soy un geek, un tecnófilo, sin pasta, pero un geek a fin de cuentas. Babeo ante todo cacharrito con más de dos botones en su carcasa y siempre intento estar a la última (ay… quién tuviera un dinerillo para comprar un iPod… ains!)

No soy el único, me consta. Pero esta fiebre tecnológica hace que mucha gente cometa estupideces tremendas.

Veréis, hace unos días acompañé a un amigo a una tienda de discos de segunda mano, y vi cosas increíbles! Resulta que hay un montón de mendrugos que, con la llegada primero del CD y ahora del MP3, se han deshecho de sus vinilos antiguos. No os podéis imaginar la cantidad de maravillas que se podían encontrar a 1, 2 o 3 euros!!! Curtis Mayfield, Marvin Gaye, Al Green, Solomon Burke… todos ellos esperando a que un alma caritativa les dé una segunda oportunidad.

Sé que muchos de vosotros pensaréis “este tío es un freak… si puede conseguir toda esa música gratis (y con mejor calidad de sonido) en soulseek!”. Pero es que el vinilo tiene un encanto especial: el sacar el disco de esas carpetas enormes, limpiarlo con un paño suave, colocarlo en el plato y dejar caer la aguja delicadamente… es toda una liturgia. Y es un placer.

Así que he decidido que, ya que no puedo estar aprovechándome del de mi padre todo el año, antes que el iPod prefiero comprarme un plato. Tal vez, y por la misma regla de tres, los mendrugos que vendieron sus discos también vendieron sus platos. Encontraré alguno de segunda mano baratillo? Hmmmmm… os mantendré puntualmente informados.

Fool’s World Map

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Hoy me he encontrado en Microsiervos y en Halón disparado una cosa realmente curiosa, una revisión freakie del mapa del mundo! Se trata de un mapa donde los países están colocados donde la gente (yanquis, claro) cree que están. El resultado es impagable, de verdad.

El conciertazo

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He de reconocer que estoy bastante pesadito desde el domingo, hablando sin parar del concierto de Brian Wilson. Sin embargo, en el post de ayer sobre el FIB apenas pasé de puntillas por el que, tal vez, haya sido el concierto de mi vida. ¿Por qué? Bueno, creo que no tengo palabras para expresar todo lo que viví el domingo durante esa hora y media… bailé, canté, grité y lloré como nunca! Así que creo que lo mejor será que recopile lo que han dicho otros sobre este concierto, el concierto que no olvidaré en toda mi vida.

Las camisetas oficiales del anciano Brian Wilson anunciaban desde días atrás la representación de «Smile», el disco que los Beach Boys, en el pulso creativo que mantuvieron con los Beatles, nunca llegaron a grabar y del que, desde hace casi cuarenta años, circulan por ahí maquetas y piezas sueltas. Pero no fue «Smile», del que sólo sonaron sus fragmentos más conocidos «Good Vibrations» y «Heroes And Villains», lo que brotó del escenario principal del FIB, sino los grandes éxitos de la banda californiana, recreados por un espléndido conjunto de instrumentistas y vocalistas que, a siete voces, corearon himnos como «Barbara Ann», «Surfin´USA» o «California Girls». Hasta los fieles del sermón de la montaña multitud que cada año sigue los conciertos, gratis total, desde una ladera anexa al recinto del FIB llegó, nítida y alegre, clara y salada, la espuma de las olas que soplaba Wilson.

Sentado, casi inmóvil, oculto por un teclado y dos pantallas en las que leía la letra de sus propios clásicos, el viejo compositor dirigió una función similar, sólo en aspecto, a la de una orquesta de segunda fila, de las que amenizan las cenas en la cubierta de un crucero avejentado. Cada espectador soñaba su canción favorita y la banda lo interpretaba… Todas eran de los Beach Boys. Todas eran de Brian Wilson. Y él estaba allí, con su camisa oscura de palmeras, el estampado de una de las mejores telas de la historia de la música, para sonreír. Dentro y fuera de «Smile».

Viaje de placer con mar de fondo. Bandera roja en la playa. Rompiendo la engañosa y hechicera frivolidad del concierto, surgieron tres monumentales y complejísimas piezas de ingeniería pop, las dos antes citadas, procedentes del álbum perdido de los californianos, y «God Only Knows», de «Pet Sounds».

Arte en movimiento y sin dirección, traducido en edificios cuyos planos fueron trazados en partituras de fantasía por un genio visionario y que, cuatro décadas después de su concepción, siguen sorprendiendo a quienes se aproximan a contemplar sus cimientos de cristal de azúcar. Brian Wilson, en el tejado de su obra, agarrado a una antena que recibe las vibraciones de otro mundo, volvió a tocar el cielo con la yema de los dedos mientras su grupo le susurraba al oído viejas canciones de surf. Todos a sus pies.

Apoyado por una gran banda, el ex líder de los Beach Boys ofreció, a sus 62 años, un recital de los que quedan para la historia: por música, actitud y resultado final. Sin levantarse de su órgano, fue desgranando algunas de las gemas pop que labró al frente del conjunto “surfero” por excelencia de los años 60 y repasó algunos de los temas de su menos conocida carrera en solitario. Tras lograr permanentemente una perfecta comunión con el público que acudió a verle, Brian Wilson logró llegar a un fin de fiesta donde todo su equipo sorteó las olas que provocan las notas de “God only knows”, “California girls”, “Good vibrations”, “Get it round”, “Barbara Ann” y, por supuesto, “Surfin´ USA”.

Ahora, la gran canción de la noche”, anunció Brian Wilson (el que fuera líder de los míticos Beach Boys) con la naturalidad del un niño más educado. Era God only knows . Ninguna de las más de 30.000 personas que, según la organización, pasaron el domingo por el recinto del Festival Internacional de Benicássim podría negárselo. Para muchos es la mejor canción de la historia del pop y su compositor la interpretó en la clausura del FIB 2004.

La media hora final, con una batería de hits de la época más playera de los Beach Boys —Help me Rhonda, Barbara Ann, Fun fun fun, Surfin´ USA… —, fue una fulminante inyección de felicidad colectiva. Sólo había que alzar la vista para ver miles y miles de personas con una expresión de gozo que no les cabía en la cara.

Ya está aquí!

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Por fin. Mañana me voy a Benicàssim!

La verdad es que mi costumbre casi anual de acudir al FIB se estaba volviendo rutinaria… poco quedaba de aquella excitación con la que vivía las ediciones de los 90. Supongo que será el hecho de haber ido ya a muchos conciertos, el tener desmitificados a muchos artistas antes admirados, o simplemente, la pérdida de aquella inocencia.

Pero este año es diferente. He vuelto a contar, como antaño, los días que quedaban para desplazarme a Castellón. Y he vuelto a mirar con ilusión el cartel.

Este año espero encontrarme con mucha gente. Porque en el FIB, aunque hayan 40.000 almas apretujadas en el recinto, siempre te llevas sorpresas (gratas o no). Y también espero llevarme un buen saco de recuerdos imborrables a casa…

Sí, este año será especial… y creo que sólo echaré de menos a una persona.

Prometo volver el lunes para contarlo todo con pelos y señales.

Coincidencia? Hmmmmm…

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Continuando con la cartelística, hojeando otro libro me encontré esta ilustración, una cartel publicitario de pastillas para la tos. Las pastillas en cuestión se llamaban REM

Pues parece que al bueno de Michael Stipe le hizo gracia la coincidencia…